Cómics e Historietas
Entrevista exclusiva

Una charla con Pablo Sapia: historietista, investigador y restaurador

Pablo Sapia, un referente de la historieta argentina.

Por Ariel Avilez (*), especial para NOVA

Personaje omnipresente de nuestra historieta desde comienzos de los años noventa, jugador de todo el campo (dibujante, guionista, editor, investigador, docente), Pablo Sapia es el nombre que muchos coleccionistas incluyen en sus oraciones todas las noches, porque de “Las Aventuras de Pi-Pío” a esta parte ha estado involucrado en el rescate y reedición de importantísimo material producido en el país y jamás antes reunido en libro con mimo y rigor. “Patoruzú”, “Hijitus” y “Larguirucho” también se beneficiaron de su entusiasmo y conocimientos.

Reunidos en un bar y tras una sidra y un platazo de lentejas, comenzamos a hablar del modo en que se acercó al mundo de la historieta...

— Empecé leyendo revistas de Columba en forma aleatoria: "El Tony", "D'artagnan", "Cabo Savino"; todos los personajes clásicos de la editorial, como "Rip Kirby", "Flash Gordon"...

¿Tenía alguna preferencia entre todo esto que leía?

— A mí de chico me gustaba mucho el personaje de Roy Crane, el spin-off de "Buz Sawyer"... "Pepe Dinamita" ("Rosco Sweeney") se llamaba acá. Recién supe muchos años después que era de Roy Crane, tenía la mirada bien puesta. Me gustaba mucho también el dibujo de (Harold) Foster...

Le gustaba especialmente la rama extranjera de las publicaciones columberas...

Carlos Vogt también me gustaba mucho. Y también las aventuras de aquella época, estamos hablando de los setenta: "Nippur de Lagash", ese estilo de dibujo. Después, a fines de los setenta, cuando ya era yo un poquito más grande, me gustaron mucho los primeros capítulos de "Mark" y "Or-Grund", cuando generaron toda esa movida más heroica, cuando renuevan Columba con el color, eso lo seguí con entusiasmo... Pero en toda la segunda mitad de los años setenta fui lector de "Skorpio", de las revistas de Ediciones Record en general; ahí descubrí a Hugo Pratt -que me parece fundamental-, y después, sobre todo, la reedición de la época de Frontera de (Héctor Germán) Oesterheld con Pratt y con (Francisco) Solano López que hizo (Alfredo) Scutti.

¿Las revistas llegaban a Ud porque iba a comprarlas o llegaban a su casa de otro modo?

— Las compraba mi papá, pero porque se las pedíamos en casa, eran coleccionadas por toda la familia.

¿Su padre a qué se dedicaba?

— Mi padre es artista plástico, es dibujante, y siempre fue lector de historietas, además.

¿Y cuándo se le ocurrió a Ud. dedicarse a dibujar historietas?

— Yo siempre dibujé historietas. Tengo historietas hechas de cuando tenía siete años, de "Condorito" o "Aventuras de Hijitus" guionadas por mí... Siempre me gustó la historieta, siempre me gustó el dibujo como forma de comunicación o de expresar ideas, y siempre me gustó contar historias o historietas.

¿Estudió dibujo?

— Estudié dibujo ya de adolescente con Ernesto Pesce, y después estudié pintura con Carlos Gorriarena.

¿Cuándo comenzó a publicar como profesional?

— A fines de los años ochenta, principios de los noventa, en la revista del Censo que sacó el Ministerio de Economía a través del INDEC, salieron mis primeros trabajos publicados que me pagaron. Yo ya había tenido experiencias como editor cuando fui presidente del Centro de Estudiantes del Colegio Urquiza, donde fui estudiante durante el secundario; además de ser el Secretario de Prensa era el editor de la revista, así que me dedicaba a dibujar la tapa, a diseñarla, a dibujar historietas y a seleccionar otro material, así que fue el primer trabajo de editor que hice.

¿Que lo llevó a inclinarse más hacia el dibujo humorístico que al de aventuras, habiendo sido lector de "Skorpio", de "D'artagnan"...?

— Porque siempre me causó más placer el dibujo humorístico. Pasa que también tengo una influencia muy grande desde chico, que es la bande dessinée francesa, la historieta franco-belga, la escuela de "Spirou". A "Tintín" lo empecé a leer desde que empecé a leer, porque ya había libros de él en casa igual que de "Asterix", libros que había sacado Editorial Abril a principios de los años setenta. Yo nunca hice discriminación, yo leía historietas de "Nippur" y leía "Asterix" y leía "Mafalda"; para mí era todo el mismo combo... Y leía las del diario y leía, no sé, "El Mago Fafá" o "Clemente" o los chistes de (Roberto) Fontanarrosa en el diario.

- ¿De entrada hizo historietas, tiras, viñetas humorísticas?

— Cuando tenía 13 o 14 años intenté hacer historietas de ciencia ficción, que es un género que siempre me gustó, pero no prosperó: no me salía dibujar como Moebius (risas). Entonces me puse objetivos un poco más modestos. En esa época copiaba a muchos dibujantes: he copiado páginas enteras de Hugo Pratt y de José Muñoz, que también fueron escuela para mí, sobre todo en la manera de manejar el blanco y el negro. Si bien no tuve una educación formal con un profesor de historietas, sí he tomado estos modelos narrativos de dibujantes y los he copiado y estudiado a conciencia.

¿Ud. se considera más dibujante que guionista?

— No, no, no. Yo me considero historietista; en ese sentido, soy un historietista que también se dedica al humor gráfico. Pero me gusta escribir mis propias historias, siempre me sentí más cómodo escribiendo mis propias historias.

Tiene Ud. publicado un par de libros de la colección Para Principiantes: "Psicología Social para Principiantes" y "Filosofía Griega para Principiantes".

— Esa fue una experiencia interesante, también, como ilustrador. Son libros de texto que están escritos y que uno transforma en historietas; y hay partes que simplemente son ilustradas. Pero no deja de ser un ensayo cada libro ¿no? No son libros de historietas. Hay partes que pueden ser narradas gráficamente, pero hay otras en las que el texto tiene preponderancia y los dibujos son sólo ilustraciones.

¿Cuál fue su primer trabajo con otro guionista?

— Trabajando en un suplemento de la revista "Humor", cuando empecé a publicar en el año 1992, 1993, por ahí... Y le agradezco mucho a (Andrés) Cascioli haberme dado la oportunidad de publicar ahí, porque fue la primera vez que pude hacerlo en un medio gráfico dedicado al humor y a la historieta; y sobre todo en una revista con tanta importancia en la historia.

¿Cómo fue que llegó a "Humor"?

— Yo había hecho un fanzine que se llamaba "Zoo Cómics" y la había acercado a la vieja revista "Fierro" de la primera época; lo recibió Juan Manuel Lima, le gustó mucho mi trabajo y quiso publicarme casi inmediatamente. A partir de ese momento comencé a construir una relación con la gente de Ediciones de la Urraca... que no fue demasiado larga porque, lamentablemente, la editorial no tuvo demasiada vida posterior al menemismo. Pero bueno, fue el primer lugar en el que uno llegaba a una redacción y se encontraba con dibujantes trabajando y con gente que era gloria del humor nacional.

¿Con quién hizo buenas migas en aquella época?

— Y más que nada con las personas de mi generación. Ahí conocí a Esteban Podetti, a Pablo Fayó, a Agustín Comotto, a Diego Parés; por este último conocí a su hermano, que también dibuja y es director de cine, Pablo Parés... Muchísima gente. Todos los que estaban ahí: Pancu, El Marinero Turco, Dani The O, toda la gente que estaba en "Fierro", en "País Caníbal".

Paralelamente a su laburo como historietista Ud. fue curador del Espacio Historieta en el Centro Cultural Recoleta ¿Qué recuerda de aquella época?

— Eso fue entre el año 2000 y el 2011. Me recomendó Elenio Pico, que era hasta entonces quien estaba manejando ese espacio, y que luego se fue a vivir afuera. Fueron alrededor de diez años muy lindos, de darle difusión a la historieta, de sacar gente nueva, de apoyar proyectos de ediciones independientes y, sobre todo, durante los años 2000 que fueron bastante áridos en el terreno de la edición. Poder darle aire a gente como Ignacio Minaverri o Liniers...

¿Cuál considera su hit, su gran evento o muestra de aquellos tiempos?

— Pasa que teníamos desde muestras de gente como La Productora o Historietas Reales, hasta muestras como las de Eduardo Ferro o Dante Quinterno. Una de las primeras que quise hacer, precisamente, fue la dedicada a Carlos Vogt, que me parecía que era uno de los más grandes historietistas argentinos con menos reconocimiento; hacerle una exposición a él me parecía que era el mínimo homenaje de los que se podía hacer a un artista tan grande como él, tan popular, sobre todo. Y fue una gran satisfacción, porque creo que fue la muestra en que el público demostró más cariño a un artista en los diez u once años que estuve programando muestras. Esto fue a principios de los años 2000.

Otra de las muestras más significativas fue la dedicada a Dante Quinterno.

— Sí, se hizo en 2003. Fue la primera muestra de Quinterno abierta al público. Porque había habido dos exposiciones, pero una en la Legislatura y otra en el Congreso de la Nación con motivo de homenajes a Quinterno, pero eran muestras que se habían hecho sólo para el día del reconocimiento, digamos. Mientras que esas dos muestras duraron un solo día, la del Centro Cultural Recoleta estuvo abierta más de un mes al público, y fue la primera vez que se mostraron tapas originales de la revista "Patoruzú" de los años treinta dibujadas por Quinterno, tiras originales.

¿Es ahí cuando surge su interés en hacer lo que hizo más recientemente? Me refiero a idear la colección de los primeros años de "Patoruzú" publicada por Editorial Assisi.

— Digamos que sí, porque a partir de ese momento me puse a buscar material de "Patoruzú" que era prácticamente inhallable en ese momento porque estaba sin reeditar. Me refiero a lo primero que publicó Quinterno a partir de la creación de su syndicate, su empresa; es lo que publica en Diario El Mundo y en su revista a partir de diciembre de 1935; todo lo anterior nunca fue republicado por Quinterno en sus revistas, es decir, todo lo que salió en Diario Crítica y en Diario La Razón.
El material de "Patoruzú" editado por Assisi está escaneado de las revistas de mi colección, revistas que me puse a juntar a partir de aquella muestra mientras buscaba material de investigación para la exposición, porque había muy poco. Hasta ese momento, sobre el personaje sólo había un libro de Susana Muzio titulado "Releyendo Patoruzú"; acerca del todo el resto, la información había que ir a buscarla directamente a las revistas, porque no había data. O sea, paralelo a mi trabajo de dibujante, tengo mi trabajo de investigador sobre la historieta argentina.

¿Cómo es que interesó a Assisi de publicar esta serie de libros?

— Eso surge de una manera bastante interesante. Me invita (Juan) Sasturain a su programa de televisión, "Plop", para hablar de Quinterno. Y el programa se filma en la editorial de los Quinterno. El día de la filmación, estaba Walter Quinterno (el hijo de Dante) y estaba Martín Quinterno (el nieto); yo ya los había conocido en la muestra de 2003, y me acerqué a saludarlos. Ahí fue que hablamos de lo bueno que sería poder reeditar el material dibujado por Quinterno, y no reeditar el material dibujado por el estudio, que era el que se había republicado hace relativamente poco a color; evitar, incluso, el material que venía republicándose en "Andanzas de Patoruzú", obra hecha entre el 50 y el 77 del siglo pasado.
Finalmente les terminé mostrando un proyecto, explicándoles cómo debería ser, cómo sería bueno poder editarlo. Y se entusiasmaron. Así que preparé los libros que después publicó Ediciones Assisi; son cuatro libros que preparé para los herederos de Quinterno, de los cuales salieron tres, y en breve saldrá el cuarto.

Entre esta obra suya de rescate, Ud. también había participado en el libro de "Aventuras de Pi-Pío".

— Eso lo hice antes del de "Patoruzú". Hice trabajo de editor, y también de restauración de todo el material; también lo hice en base a otra colección mía, rescatando las páginas de (Manuel) García Ferré que estaban dispersas y nunca habían sido reeditadas. Lo sacó La Editorial Común, de Liniers. "Pi-Pío" tiene una estética infantil -porque era el público al que estaba dirigida-, pero las historias son más raras y más complejas; si bien pueden ser leídas por un público infantil, también pueden ser leídas por un público adulto; tiene varias lecturas posibles. Realmente es para mí una historieta muy importante dentro de la historia de nuestra historieta, porque es una historieta singular, es decir, singular en el sentido de única.

Si vamos a otros clásicos con mucho renombre de la historieta argentina, si vamos al gran clásico de la historieta nacional, si vamos al trabajo de José Luis Salinas, si vamos a "Hernán el Corsario", notamos que bebe de las fuentes de Harold Foster. Si vamos a "El Eternauta", el otro gran clásico de la historieta argentina, atrás de Solano López está Milton Caniff, creador como Foster de otra escuela historietística; digo esto más allá de la mirada latinoamericana y más humanista de nuestros autores, y me centro en el aspecto narrativo y gráfico. Si vemos a "Mafalda" de Quino, el otro gran personaje icónico y mundialmente conocido de la historieta argentina, la reconocemos como heredera de "Peanuts", de (Charles) Schulz; o sea, detrás de "Mafalda" está "Charlie Brown", sin "Charlie Brown" no habría "Mafalda".

Pero cuando uno ve las historietas de García Ferré -ojo, no estoy hablando de las películas, estoy hablando de "Pi-Pío"-, cuando uno lee "Pi-Pío", que se publicó entre 1952 y 1960, uno dice '¿De dónde sacó estas ideas?'... Y yo no encuentro ningún otro antecedente en ese estilo; si bien hay otras historietas humorísticas, ese tipo de humor dislocado, absurdo, con juegos de palabras, no lo veo en ningún otro lado. De hecho, cuando tuve la oportunidad de preguntarle a García Ferré acerca de qué dibujantes él admiraba o eran de su interés, me confesó que los humorísticos no le interesaban, que a él le gustaba mucho Emilio Freixas, que es un dibujante español de la escuela de (Alex) Raymond.

"Pi-Pío" siempre me pareció singular. Ojalá pueda salir pronto el segundo libro y completar toda la historia porque realmente vale la pena.

¿En qué está trabajando Ud. en la actualidad?

— Estoy terminando la edición del cuarto libro de "Patoruzú" para la familia Quinterno que, espero, publicará en breve Assisi. Sigo con mi página de humor político y actualidad en Diario Perfil, en donde estoy desde hace más de diez años; sale todos los domingos y se titula "Cámara Oculta", aunque al principio se llamaba "A la Kama con K"... pero cuando desapareció Néstor (Kirchner), nos pareció prudente cambiarle el nombre. Y después estoy con un par de proyectos que espero poder hacer avanzar en la segunda mitad del año: poder recopilar historietas viejas y nuevas en un libro; y tengo ganas de concretar un proyecto colectivo cercano a los superhéroes.

¿Superhéroes en clave humorística, paródica o clásica?

— En clave clásica, por decirlo de alguna manera. Desde lo muy clásico a lo muy moderno. La idea es hacer un librito en el que trabajen muchos artistas, y que cada uno proponga una visión diferente, con estéticas diferentes. Vamos a ver qué sale.

¿Qué historietas lee actualmente?

— Estoy leyendo muchas cosas, porque precisamente se están reeditando muchas cosas y es muy difícil abarcar todo lo que se tiene ganas de leer, se está reeditando mucho material que hasta hace poco no estaba disponible tanto en EE.UU., como en Europa, como acá, donde tenemos -por ejemplo- las ediciones de "Nippur de Lagash"; o ha salido una edición muy pequeña, independiente, del "Pascualín" de (Héctor) Torino y el "Conventillo", así, en libros bastante artesanales...

Entre las cosas nuevas estoy leyendo a autores nacionales. Me gustó mucho "La Caja", de Podetti, lo disfruté muchísimo. Y de material más underground, fuera del mainstream, me gustó "Vamos a la Playa", de Azul Blaseotto, que logró algo a medio camino entre el documental y la historieta... Hay muchos experimentos artísticos que están buenos.

De afuera estoy leyendo cómics de Marvel de los sesenta y setenta, ahora que hay reediciones accesibles; o de DC, también, de los años cincuenta, sesenta y setenta que se está reeditando y que nunca antes había leído. Por ejemplo, la "Doom Patrol" de Bruno Premiani, que fue su creador gráfico, y que fue un dibujante que siempre me gustó; conocía las obras que había sacado en "Patoruzito" y que se habían reeditado en la "Tit-Bits", creo, en los años setenta, pero no había leído nada de lo que había hecho para los Estados Unidos... Y uno dice 'Es Premiani... y es la Doom Patrol'.

Para ir cerrando, háblenos por favor de su labor docente.

— Hace más de veinte años que doy clases. Empecé dando clases de manera particular, después seguí en centros culturales barriales, generalmente para chicos. Lo que me interesa es trabajar sobre narrativa gráfica, o sea, no son talleres específicos de dibujo, sino que me interesa que el que haga el taller aprenda a contar historias utilizando los recursos de la historieta, que es lo más importante para mí: saber narrar con el lenguaje de la historieta; después si el dibujo está muy verde o hay que pulirlo más, siempre hay tiempo para perfeccionarlo en otro tipo de talleres. Actualmente enseño en "Escuela La Ola", en Caballito.

¿Suele tener noticias de sus alumnos de vieja data?

— Bueno, cada tanto me cruzo con ellos en alguna convención; algún grandulón que está vendiendo fanzines y me dice “yo fui alumno tuyo cuando tenía diez años en tal centro cultural”... Así que siempre es una satisfacción verlos dibujando. Y después hemos tenido algunos alumnos que han pegado un salto por ahí más amplio, gente como Hernán Cirianni, o como Ignacio Minaverri, o Liniers, que también fueron alumnos míos; muchachos que tienen trayectoria internacional muy importante ¿no? Uno entonces se siente muy orgulloso, porque es siempre bueno poder acompañar a gente talentosa para que pueda crecer y mejorar. La historieta es algo que lleva mucho trabajo y te exige estar mejorando todo el tiempo.

(*) Redactor especializado en cómics.

Pablo Sapia, un referente de la historieta argentina.
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