Sexo y erotismo
Entre jóvenes y maduras

La vida disipada de un "Padre Fundador" de los EEUU: Benjamin Franklin

Durante su radicación en la Inglaterra del Siglo XVII, compartió con la élite británica en el Hellfire Club, Club del Fuego del Infierno.

Por Alberto Lettieri, especial para NOVA

Benjamin Franklin es uno de los “Padres Fundadores” de la Nación Norteamericana. Sus intereses, además de la política, fueron múltiples: organizó el primer servicio de bomberos, inventó los lentes bifocales y, pese a ser propietario de esclavos, fue uno de los primeros en abrazar la causa de la abolición de la esclavitud.

Sin embargo, tras de la adusta protección que le brinda la historia oficial de los EEUU, Franklin fue lo que, en su época, se consideraba como un libertino, amante de los placeres y la vida cómoda y disipada. Durante su radicación en la Inglaterra del Siglo XVII, compartió con la élite británica más exquisita la membresía en el Hellfire Club –Club del Fuego del Infierno-, un lugar donde el hedonismo se desarrollaba sin límite alguno, en reuniones clandestinas generosas en el consumo de alcohol y prostitutas.

El Hellfire había sido fundado por el Duque de Wharton y luego potenciado por sir Francis Dashwood, un destacado parlamentario inglés. Este club fue el centro de convocatoria de las principales celebridades entre 1749 y 1766. Originalmente las reuniones eran públicas, para luego ser continuada en alguna de las mansiones de los socios, hasta que comenzó a correr la voz sobre la naturaleza de esas reuniones, por lo que se decidió adoptar un carácter privado y secreto.

Si bien nada autoriza a convalidar que los miembros del Hellfire realizaran rituales satánicos, no sucede lo mismo con las orgías y bacanales legendarios, que reconocían a Franklin como uno de sus principales organizadores.

En sus escritos, este “Padre Fundador” reconoció su preferencia por las mujeres maduras –en lugar de las jovencitas, tal como era costumbre en los hombres de su época-, en una carta a un camarada más joven que lleva el título “Advice to a Friend on Choosing a Mistress (Consejo a un amigo para elegir una amante)”, de altísimo voltaje sexual para la época, por lo que permaneció inédita durante muchísimo tiempo.

En la misiva, Franklin reconocía que, si bien la situación más equilibrada la garantizaba el matrimonio, en caso de conservar la soltería lo mejor era elegir amantes “maduras, antes que las jóvenes”, y desgranaba a continuación nueve razones. La primera, “que tienen mayor conocimiento del mundo y sus mentes están mejor provistas de observaciones; su conversación es más instructiva y produce un agrado más duradero”.

“Si cubriésemos con una cesta todo lo superior y mirásemos sólo lo que está por debajo del ceñidor –agregaba el patriota-, es imposible distinguir entre dos mujeres a la vieja de la joven”.

Franklin aseguraba que las maduras “para conservar su influencia sobre los hombres, suplen la disminución de la belleza con un aumento de la utilidad. Aprenden a hacer mil servicios, grandes y pequeños, y son el más tierno y útil de los amigos cuando estás enfermo. Así siguen haciéndose querer. Y por eso cosa rara que una mujer vieja no sea una buena mujer”.

Otros beneficios adicionales eran que no podían quedar embarazadas, y que tienen más “experiencia, son más prudentes y discretas para evitar las sospechas al llevar adelante una intriga”.

“Si cubriésemos con una cesta todo lo superior y mirásemos sólo lo que está por debajo del ceñidor –continuaba-, es imposible distinguir entre dos mujeres a la vieja de la joven. Y como de noche todos los gatos son pardos, el placer del deleite corporal con una mujer vieja es al menos igual, y en muchas ocasiones superior, pues toda maña es susceptible de mejorarse con la práctica”, dice en su quinto consejo, el más despectivo.

La carta de Fanklin concluía con dos beneficios adicionales, que él consideraba determinantes: “con ellas el pecado es menor”, y exclamaba “¡Por lo agradecidas que son!”.

Benjamin Franklin, un “Padre Fundador” de la Nación Americana y cultor de la “buena vida”. Este último aspecto, mucho más desconocido.

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