Cómics e Historietas
La historieta de duelo

Falleció Armando Fernández, guionista, escritor y periodista

Armando Fernández, un referente con 60 años de trayectoria.

Por Ariel Avilez (*), especial para NOVA

Hay gente a la que cuesta imaginar cómo era de pibe: no era el caso de Armando Fernández, que se nos fue ayer, y que no sólo conservaba algunos rasgos de niño sino que permanecían intactos en él los maravillosos entusiasmos del purrete que alguna vez fue. Tal vez porque se inició en esto de escribir siendo muy chico -su primera historieta la publicó teniendo apenas catorce años, en 1959-, lo que comenzó siendo un divertimento remunerado, luego convertido en un trabajo hecho y derecho, nunca dejó de ser en el fondo para él un juego, un juego que lo apasionaba y que supo jugar con solvencia y profesionalismo.

El jugador encontró cinco años después el club de sus amores, Editorial Columba, ya con fama consolidada de prolífico (había pasado por las revistas “Casco de Acero”, “Tucson” y “Maverick”, y la editoriales Codex, Nómina, etc.); tal es así que cuando el editor Antonio Presa lo recibió en la mítica casa de la palomita, su frase de bienvenida fue un promisorio “lo estábamos esperando”.

Ahí comenzó una aventura madre de aventuras que duró alrededor de treinta y cinco años, estampando su firma (y sus innumerables pseudónimos) en “El Tony”, “D'artagnan”, “Fantasía”, “Intervalo” y “Nippur Magnum”. Estamos hablando de miles y miles de guiones, de feliz colaboración con artistas como Martha Barnes, Lito Fernández, Daniel Haupt, Lucho Olivera, los hermanos Villagrán (¡los tres!), Carlos Vogt, Sergio Mulko, Clemente Rezzónico, Carlos Pedrazzini, Alberto Saichann, Rubén Marchionne, Silvestre Szilagyi, Alfredo Falugi, Gustavo Trigo, Rubén Furlino, Miguel Castro Rodríguez, Marcelo Basile, Alberto Caliva, Sergio Ibáñez… y dejo de enumerar y me quedo corto, cortísimo.

Pero no es algo antojadizo: a la hora de recordar aquellos años, cuando se disponía a relatarlos con esos gestos suyos tan característicos -ojos cerrados, las manos juntas, ladeando un poco la cabeza-, era especialmente feliz al nombrar a esos dibujantes que tanto admiraba y junto a los cuales concibió tanta historieta auténticamente popular.

Acerca de ”Argón el Justiciero”, “Kabul de Bengala” y “Tres X la Ley” -algunas de sus creaciones más recordadas- solía contar con legítimo orgullo que, un tiempo después de crearlas, “esas tres series serían luego tomadas con mi consentimiento por el maestro Héctor Germán Oesterheld al llegar a Columba”.

Es conocida también su sociedad con otra leyenda de nuestra historieta, Robin Wood; así narraba aquel acontecimiento: “Presa me preguntó si quería ser ayudante de Robin, porque Wood en determinado momento -fines de los setenta- estaba manejando muchísimas series, y como él estaba viajando, sus guiones tardaban en llegar, así que muchas de sus series me tocó escribirlas a mí. Yo hice varios capítulos, algunos se firmaron con mi nombre, otros no, pero esto último no puede probarse y no importa: son anécdotas acerca de historietas. Cuando oficié de ayudante, la modalidad era muy sencilla: yo escribía los guiones-base, él los revisaba y los reescribía; nunca corregía mis guiones porque mi estilo era muy distinto al de él, así que leía mis guiones, volvía a escribirlos y hasta le encontraba nuevas puertas. Él decía que mis historias tenían buen basamento”.

Tras la catastrófica caída de Editorial Columba, Fernández no se paralizó y una vez más volvió a demostrar su valía y, además de seguir colaborando durante un tiempo con la editorial Eura de Italia, se desempeñó como periodista en la revista “Soldados”, redactando notas históricas pero también homenajeando a sus compañeros historietistas con entrevistas y artículos. Sin embargo, nunca dejó de producir historietas, siempre se mantuvo activo y generó proyectos que logró colocar en publicaciones y editoriales que, en muchas ocasiones, no se habían acercado hasta el momento al noveno arte. Así, además de las novelas y cuentos (históricos, románticos, fantásticos y hasta infantiles) que periódicamente comenzó a publicarle Ediciones Argentinidad, interesó a la casa editora para que inaugurara una serie de libros dedicados a contar “La Historia en Historietas”, y luego una colección de historietas de aventuras.

Mención aparte merece su imprescindible “Memorias de un guionista, escritor y periodista”, en cuyas páginas el querido Armando recuerda minuciosamente su trayectoria como laburante de las letras.

En los últimos años, los dos lujosos libros que le editó Taeda -uno que narra maravillosas historias en el contexto de la guerra en Malvinas, otro dedicado al bicentenario del Cruce de los Andes- más el excelente álbum con adaptaciones de obras de Bram Stoker (dibujado por su gran amigo Sergio Ibáñez) publicado por Comic.ar, podrían considerarse el broche de oro de una carrera notable.

Y más allá de todo esto -apenas la breve y por breve injusta semblanza de un gran hombre-, queda en nosotros el invaluable recuerdo del artista que nos regaló tantas páginas de grata lectura; y queda además en la memoria de algunos otros el recuerdo de muchas veladas compartidas con el Maestro en el Bar Centenario de Once, plagadas de proyectos de nenes grandes, anécdotas, pizzas, vinos, y alguna piadosa gaseosa de lima-limón (con unos gajitos de limón, por favor).

Hasta siempre, Don Armando. Y muchas gracias.

(*) Redactor especializado en historietas.

Armando Fernández, un referente con 60 años de trayectoria.
Armando Fernández, un referente con 60 años de trayectoria.
Armando Fernández, un referente con 60 años de trayectoria.
Lectores: 1496

Envianos tu comentario