Política
Puntos de vista

Revolución demorada

Eduardo Sanguinetti, filósofo.

Por Eduardo Sanguinetti (*), exclusivo para NOVA

Intentaré organizar alrededor de un personaje de la Primera Junta, lo significativo (aunque poco conocido) de este acto fundacional, me refiero al principal y gran orador de la Revolución de Mayo, Juan José Castelli. En esta figura se concentran la crítica, la reflexión y cuestionamiento, no sólo sobre los acontecimientos ocurridos entre 1789 y 1811, sino también sobre la participación que este personaje tuvo en los mismos. Tomo la presencia de Castelli y los acontecimientos históricos con los que estuvo vinculado para reflexionar sobre una historia cargada de traiciones, derrotas y sometimientos que se proyecta con cierta regularidad hasta nuestros días.

En aquel acto revolucionario, Castelli, desecha de plano la presencia del virrey, marca pautas de comportamiento a quienes deseaban una revolución real y concreta, da espacio a la palabra escrita como empírea, reconociendo como compromiso único y verdadero sostén de la revolución. Lo plantea en una frase histórica, tan escondida por los devenidos formadores de opinión de medios mercenarios, los "figuretti" que hoy hablan sin apuntalamiento alguno sobre este acto de innegable valor histórico para nuestra Latinoamérica, tan desangrada y mansa: "Un país de simuladores revolucionarios sin revolución, se presta a la risa y la cobardía..."

Así la Revolución de Mayo, de la cual Castelli, fue uno de los principales ideólogos, es negada tal como ha acontecido por neo-historiadores oportunistas, pegados al gobierno de turno, falseando la misma, haciendo desaparecer documentos históricos: "La revolución -escribe Castelli- se hace con actos se narra con palabras. Con muerte. Y se pierde con ellas... desarmado, me acojo al sueño eterno de la revolución para resistir a lo que no resiste en mí. El sueño eterno de la revolución sostiene mi pluma..."

El 25 de mayo es una fecha trascendente en la historia argentina, sin dudas, pero habría que tomarlo como punto de partida hacia la formación de la identidad nacional. Suponer que los que lideraron la revolución en 1810 sabían que lo estaban haciendo en nombre de la Nación Argentina es caer en un anacronismo especulativo, pues nacía en aquella semana de mayo, un nuevo modelo desde el cual operar una ruptura con España y su monarquía, fundando una nueva tradición cultural y política, con anclaje en la vertiente popular, deviene del pueblo este término, de neta inspiración romántica, negada desde nuestro origen por los cipayos, los esclavos de tendencias foráneas, en antípodas con nuestro ser, que pertenece a una espacio y tiempo: la argentinidad fundante, hoy celebrada por el caretaje "medio pelo", con empanadas y locro, pastelitos y Tedeum, con una Plaza de Mayo vallada para el pueblo y negándole celebrar tan digna fecha en ese predio histórico.

Lo que se gestaba detrás de todos los debates que se dan entre 1810 y 1820 es qué forma de gobierno se iba a adoptar y quién iba a ejercer ese nuevo gobierno. Y en este sentido, las posiciones pasaban desde una monarquía constitucional hasta la forma republicana, organizadas bajo la forma unitaria o federal. Ambas infiltradas por los traidores que supimos soportar, un ejemplo claro es Bernardino Rivadavia, una atroz presencia del prototipo de mercader de la libertad, que marcaba tendencia en tantos personeros del odio y el crimen, de la entrega y el divorcio con la identidad nacional.

En el origen, no puedo dejar de hacer mención a otro polo importante: el himno nacional, la canción patria, su poesía como la condensación y el exponente máximo de esa poesía patriótica de origen. Indispensable emblema de la nacionalidad, para homogeneizar, unir y construir una identidad nacional, al tiempo que los sensibles versos operan, en tanto elemento propagandístico, penetrando en el sentir de la opinión de la comunidad: lo público.

Así, la literatura nacional tiene el mismo basamento que los orígenes revolucionarios de emancipación que conformaron la Patria... presenta además, una vertiente doble: la poesía patriótica, con el himno nacional como su culminación en los cielitos. Un origen culto y otro popular, unidos tras un horizonte de libertad y armonía.

Por supuesto ambos se cruzan, el himno es aclamado y cantado por todos los sectores sociales y los cielitos se bailan y escuchan tanto en las tertulias más prestigiosas como en el campo, siendo compuestas muchas veces por letrados y otras por gauchos. Ambos orígenes al cruzarse homogenizan lo heterogéneo, eliminan las diferencias de clase, lo múltiple converge de este modo, en la unidad nacional, soñada hasta hoy y tan poco aplicada. Se convierte a este origen de nuestra literatura nacional en un espacio sacro e inaccesible.

Sin embargo, a pesar de estar unidos por las letras, el arte y la poesía que nacía de manera milagrosa, la organización nacional se demoró por 40 años, ante la ausencia de consensos. En 1853 que se pudo sancionó una constitución que fuera aceptada por todas las provincias (excepto la de Buenos Aires, que lo haría en 1860).

Luego, tomaría unos 20 años más hasta que todo el país se encontrara organizado o al menos con un rumbo ya fijado, a pesar de las adhesiones y rechazos de quienes bregaban por una "patria" libre de intromisiones extranjeras y los que se asimilaban, como el presidente Bartolomé Mitre, personaje nefasto en nuestro devenir histórico, a ser colonizados por naciones europeas y sentirse parte del antiguo continente, acto que se replica según transcurren los años, por herederos del "virus colonialista" que hace nido en miles de "tilingos" argentos, causa de nuestra permanente decadencia. Los que apoyaron intromisiones de potencias en nuestra política interior, tan ajena a nuestros intereses como Nación libre e independiente, para quienes bregamos por una Patria soberana; estos avatares conforman una división que se prolonga a nuestros días, hoy la denominan "grieta", podemos apreciarla en las posiciones de ceos ignorantes del gobierno PRO, accionando contra quienes deseamos de manera concreta y absoluta, un estado de libertad y autodeterminismo, sin ataduras de ningún tipo a la voracidad de buitres que sobrevuelan nuestra República Argentina, alimentados por Mauricio Macri y sus seguidores incondicionales, en su política "bastarda" de entrega y sumisión, de represión y sojuzgamiento: inquisición tercer milenio.

El drama argentino, narrado hace años, de manera delirante en TV y en espacios abiertos de la maquinaria mediática, por la Rock and Pop y sus personeros ya veteranos, siempre prestos a asentir cuando de negociar se trata, presentes hace décadas, incluso con milicos en el poder, puede cristalizarse en el año en curso, con elecciones presidenciales, donde el pueblo argentino elegirá su destino, pero sin ser gran visionario, percibo una confrontación sin precedentes, con los disidentes, los libres , los verdaderos que abogan por una tierra para todos, los que no adhieren a la estafa y la mentira. El choque entre argentinos, siento que se avecina, nada se hizo a destiempo. Macri la precisa con urgencia, para sellar pactos efectivizados en las sombras con sus socios espectrales, y dejar bien sentado en la pobre historia de este tiempo “el canto de cisne” de la libertad en tiempo de brutalidad y de ignorancia: “La mediocridad no tiene secretos” diría Jorge Luis Borges... y por supuesto no asumo los silencios de la historia oficial, escrita por mandarines y mandaderos, inscriptos en el prostíbulo de la incultura en boga, generando cómodos olvidos, a la que es sometida una comunidad, complaciente y amancebada.

(*)Filósofo

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