Sexo y erotismo
Una práctica cultural

La sexualidad maya: erotismo y placer

  • La sexualidad maya estaba estrechamente vinculada con la naturaleza, considerándola como un factor fundamental en el ordenamiento del Cosmos.
    Foto 1 de 2
  • Los mayas asociaban el deseo con el arte de la guerra y la religión, por lo que eran habituales los ritos sexuales.
    Foto 2 de 2

Por Alberto Lettieri, especial para NOVA

A diferencia de los aztecas, que trataron de normatizar y controlar la sexualidad, imponiendo límites bastante rigurosos, los mayas asignaban grandes cualidades a la práctica del placer, el amor, la lujuria y la sexualidad en general, asociándolas con prácticas culturales como la plumería o el cultivo de diversas flores.

La sexualidad maya estaba estrechamente vinculada con la naturaleza, considerándola como un factor fundamental en el ordenamiento del Cosmos. Asociaban el deseo con el arte de la guerra y la religión, por lo que eran habituales los ritos sexuales. También la consideraban como una forma de conocimiento, ya que aseguraban que el cuerpo sólo conoce lo que siente y experimenta.

La Diosa de la Luna encarnaba la identidad de este pueblo, a la que se asociaba con la fecundación, la maternidad y abundancia. Ya que los mayas no tenían un Estado centralizado, consideraban que sus orígenes eran el resultado de la sexualidad múltiple que mantenía esta diosa con otros dioses.

Los mayas aceptaban y practicaban la bisexualidad. Incluso la propia Diosa de la Luna era bisexual.

El hombre era considerado como proveedor, padre y sujeto del poder público y activo. A la edad de 12 años los hijos varones eran destinados a las casas comunales, donde recibían estricta instrucción guerrera y religiosa, hasta el momento en que sus padres acordaban su casamiento.

Los mayas castigaban el consumo de alcohol, que sólo se habilitaba para la nobleza en algunos actos rituales. En cambio, se aceptaba el consumo de alucinógenos bajo la supervisión de sacerdotes. Era común la toma o compra de esclavos masculinos durante sus acciones guerreras, los que se destinaban a cumplir funciones de servidores sexuales. Algunas niñas eran preparadas para convertirlas en prostitutas sagradas, para su participación en actos rituales.

Los mayas castigaban la práctica de la heterosexualidad, incluso con esclavas, antes del matrimonio. Era habitual que los nobles adquiriesen esclavos sexuales para sus hijos varones para facilitar el cumplimiento de esa restricción.

Los padres debían escoger una pareja homosexual para sus hijos varones en cuanto estuvieran en condiciones de iniciar sus prácticas sexuales. Con esta pareja practicaban también la convivencia, hasta el momento de su casamiento con una mujer, al cumplir 20 años.

Las mujeres eran consideradas como creadoras de vida, abastecedoras de alimentos, y se les encargaba el desarrollo de los lazos afectivos dentro de la familia y las tareas domésticas. Su misión consistía en complacer a su familia, a los dioses y a la sociedad. Un testigo de la época colonial, el Fray Diego de Landa escribía “que las indias de Yucatán son en general de mejor disposición que las españolas, y más grandes y bien hechas (pero) no son de tantos riñones como las negras. Préciense de hermosas las que lo son y a una mano no son feas; tenían por costumbre aserrarse los dientes dejándolos como dientes de sierra y eso tenían por galantería y hacían ese oficio unas viejas limándolos con piedras y agua”.

Las mujeres eran educadas en el ámbito familiar. La virginidad se tenía en una alta valoración, equiparándose al himen con una joya preciosa. A temprana edad se les colocaba una concha atada con un cordón debajo de la cintura, como símbolo de virginidad. Se creía que si una mujer dejaba de ser virgen muy joven o por fuera del casamiento los dioses pudrirían sus carnes. El ideal maya era que hombres y mujeres vivieran su vida adulta dentro del matrimonio.

A diferencia de otras culturas, se creía que las mujeres continuaban teniendo deseo sexual hasta la vejez. También se las consideraba sabias y referentes de la comunidad.

Si bien la distribución de tareas era desigual, no se planteaba en términos de antagonismo entre hombres y mujeres, sino en términos de armonía y complementación indispensables para garantizar el éxito de una sociedad.

El matrimonio tenía como objetivo primordial la reproducción de la especie, pero también constituía una herramienta para establecer alianzas sociales, políticas y económicas en el caso de las clases aristocráticas. Por esta razón, era considerado como un asunto de las familias y no de los involucrados. Las mujeres mayores generalmente tenían a su cargo celebrar estos acuerdos dentro del mismo estrato social, a fin de no afectar la armonía social. En la mayoría de los casos, apuntaba el Fray De Landa, “no siempre eran felices en sus amores, porque generalmente se les daba por esposos a los que elegían sus padres”.

Si bien el matrimonio era consecuencia de un acuerdo entre las familias, cuando un hombre soltero mantenía relaciones con una mujer debía casarse con ella. Esto se denominaba “matrimonio por obligación”. Si bien los mayas eran generalmente monógamos, también se registraban casos de poligamia, que se toleraba en diversas situaciones, como por ejemplo para garantizar alianzas con varios linajes, para incrementar la descendencia familiar o para aumentar la mano de obra de una familia. Las esposas, que nunca eran más de tres, vivían juntas y compartían tareas. La primera era considerada la favorita, y desempeñaba las tareas especializadas y jerárquicas.

No se conocen casos de hombres que tengan más de tres mujeres. En este caso, todas viven juntas y se comparten las tareas. En esta situación, hay una esposa favorita, usualmente es la primera y es quien le trae los alimentos preparados por todas.

Los nobles vivían rodeados de mujeres, esposas y concubinas, lo que consideraba como una ostentación pública de sus privilegios.

Las relaciones sexuales dentro del matrimonio debían ser variadas y complacientes a los fines de garantizar la satisfacción sexual de ambos cónyuges.

Dar y recibir placer era considerado como un aporte a la armonía del cosmos. Por esta razón, la sexualidad era considerada no sólo una práctica carnal sino también espiritual.
Junto con la satisfacción y el placer mutuo, el matrimonio estaba asociado con la reproducción, por lo que las mujeres estériles podían ser repudiadas por sus esposos.
Para combatir la esterilidad, los mayas recurrían a rezos y ceremonias rituales. También se utilizaban otras prácticas, como bañarse en una cierta fuente de agua de mal olor y de horrible sabor que se calentaba para combatir la frialdad de la matriz, Esto se combinaba con la ingestión de brebajes y el uso de medicina natural.
Los mayas practicaban la homosexualidad y la zoofilia, lo que espantó a los conquistadores españoles. Si bien el adulterio entre un hombre y una mujer casados, o entre una mujer casada y un hombre soltero, eran castigados, se aceptaba la relación entre un hombre casado y una mujer soltera, equiparándose a la práctica tolerada de la sexualidad entre un hombre con sus esclavas o concubinas.
Los mayas asignaban un apetito sexual mayor a las mujeres que a los hombres y aceptaban el ejercicio de la prostitución. A diferencia de otros pueblos, en los que generalmente se consideraba a la prostitución como un mal inevitable aplicando criterios morales o religiosos, en varios pueblos mayas se preparaba especialmente a las “Ahuiani o Maqui”, o “Alegres”, mujeres jóvenes y bonitas que participaban de eventos religiosos y sociales, generalmente en calidad bailarinas, que acompañaban a los guerreros. Se las asociaba con la fertilidad y la abundancia.
Las denominadas “Maqui” acompañaban a los soldados a los campos de batalla. Los guerreros tenían reconocido un alto status social, por lo que se les permitía convivir con prostitutas, algo que estaba vedado para el resto.
Los mayas utilizaban adornos, tatuajes, limaduras de dientes, depilación de cejas e incrustaciones dentales. También consumían afrodisíacos naturales y practicaban rituales, y utilizaban objetos sexuales diversos. Todo ello orientado a incrementar la seducción y la sensualidad placentera, indispensable para garantizar el orden del cosmos.

Lectores: 1331

Envianos tu comentario