Opinión
Puntos de vista

El "gran K"

María del Carmen Taborcía, abogada y escritora.

Por María del Carmen Taborcía (*), especial para NOVA

El pasado 20 de mayo, Día Mundial de la Metrología, fue histórico porque se implementó una nueva definición del kilogramo, el kelvin, el ampere y el mol, tal como se acordó el año pasado durante la Conferencia General de Pesos y Medidas que tuvo lugar en Francia.

En el siglo XVIII, el rey Luis XVI decidió establecer una definición oficial del kilo para detener las prácticas de los comerciantes de engañar a sus clientes cuando pesaban bienes. Esa primera medida equivalía a un litro de agua congelada a cero grados Celsius.

Dado que esa manera de medir no era exacta, en el año 1799 se decidió crear el famoso cilindro de platino e iridio, apodado el gran K, para definir el kilogramo. En 1875, diecisiete países firmaron un acuerdo para estandarizar su sistema de medidas. Durante 130 años, el cilindro con 90 por ciento de platino y 10 por ciento de iridio sirvió como prototipo internacional. Es decir, que fue el único objeto físico por el cual se midieron todos los otros kilogramos en todo el planeta.

Desde entonces el gran K se guardaba en una cámara acorazada de París. Si bien los países asociados podían solicitar copias del cilindro, las balanzas se ajustaban siempre sobre la medida del real. Con el tiempo las mediciones revelaron que su masa ya no era la misma. Es posible que el metal haya absorbido moléculas de aire microscópicas, o que las limpiezas periódicas, incluso un pequeño rasguño, haya influido en el cambio. O sea, el kilo ya no era el mismo kilo original, había perdido 50 microgramos de su masa.

Por eso hay una redefinición del kilogramo, no por otro objeto, sino por una propiedad fundamental de la naturaleza conocida como la constante de Planck. Al igual que la velocidad de la luz, el valor de esta constante no puede fluctuar. Ahora, un kilogramo tendrá la misma masa si se está en la Tierra, en Marte o en cualquier otro lugar del universo.

Se trata de un avance en la ciencia y la tecnología. No tendrá impacto en las básculas de los comercios, aunque es evidente que nos estaban dando de menos cuando comprábamos algo que debía ser pesado en las mismas.

Estuvieron años, científicos de todo el mundo, debatiendo sobre la reformulación del gran K, hasta llegar a encontrar una forma precisa.

Por aquí igualmente nos hemos manejado con nuestras propias ideas y mediciones, porque hace mucho tiempo que un kilo son 900 gramos o menos.

Ahora bien, surge un interrogante: ¿Nos serviría la constante de Planck para que nuestra moneda nacional, el peso, no fluctúe y que mientras los gobiernos se suceden, esta pueda seguir manteniendo su valor sin que se deteriore como el gran K?

(*) Abogada y escritora

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