Sexo y erotismo

La sexualidad en el México prehispánico

  • Los pueblos prehispánicos residentes en el territorio mexicano tuvieron prácticas muy variadas y una normatización muy diversa hasta la llegada de los conquistadores.
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  • Los pueblos prehispánicos residentes en el territorio mexicano tuvieron prácticas muy variadas y una normatización muy diversa hasta la llegada de los conquistadores.
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Por Alberto Lettieri, especial para NOVA

A diferencia de las sociedades europeas medievales, donde la Iglesia Católica se abrogó el derecho de unificar y controlar las prácticas sexuales dentro de límites estrictos, despojándolas de su componente lúdico y festivo, los pueblos prehispánicos residentes en el territorio mexicano tuvieron prácticas muy variadas y una normatización muy diversa hasta la llegada de los conquistadores.

De este modo, mientras que en Tenochtitlan, capital de los aztecas, sobre cuyas ruinas se levantaría la actual Ciudad de México, los mexicanos asignaban a la sexualidad un componente religioso y espiritual, y establecieron graves sanciones para quienes infringieran las normas establecidas, en el norte del territorio las prácticas era mucho más diversas y variadas.

Los aztecas reprimían la homosexualidad, cuya práctica merecía la pena de muerte. Sin embargo, había tolerancia hacia el varón homosexual pasivo, al que se afeminaba en su aspecto y se le atribuía un rol femenino, que se denominaba berdache. Los homosexuales activos no tenían fortuna similar, ya que se les aplicaba el empalamiento para luego extraérseles las entrañas por el ano. Para las lesbianas el castigo consistía en la ejecución mediante garrotazos.

Los totonacas y los pueblos del Norte del territorio, en cambio, practicaban abiertamente la homosexualidad, y era aceptada socialmente la pederastía o pedofilia. Los mayas practicaban la denominada “masturbación ritual”. Ya que la fertilidad femenina era asociada con la de la tierra, los mayas se masturbaban derramando su semen sobre el suelo como ofrenda.

Se han encontrado múltiples objetos sexuales de madera fabricados por los mayas para diversificar las prácticas sexuales e incrementar el goce. Sin embargo, los mayas eran inflexibles con la homosexualidad, que se castigaba con la condena a muerte en un horno caliente. Algunos documentos aislados sugieren que los jóvenes la practicaban en ocasiones como expresión de rebeldía o como rito de paso a la adultez.

Aun cuando la prostitución era aceptada por la mayoría de los pueblos, por lo que su ejercicio no conllevaba sanciones judiciales, las prostitutas eran marginadas y estigmatizadas socialmente. Lo que sí, en cambio, se condenaba socialmente eran las prácticas sexuales entre miembros de distintas etnias o pueblos, ya que cada uno se atribuía un origen divino diferente, y se consideraba deshonrosa la mezcla de sangre.

Las castas altas de los aztecas practicaban la poligamia masculina, aunque sólo la primera concubina adquiría una condición equiparable a la de esposa. Al resto sólo se le atribuía la función de proveer de goce al hombre. En los sectores sociales menos favorecidos su práctica era prácticamente prohibitiva, ante la imposibilidad de afrontar los gastos de manutención que significaba.

Llama la atención que para estos pueblos prehispánicos los senos femeninos se asociaban más con la maternidad y el amamantamiento que con el placer. De allí la sorpresa y el espanto que produjeron los españoles no sólo por la brutal violación sistemática de las mujeres originarias, sino también por la manera de practicar el acto sexual.

Tal como se señaló, la sociedad azteca estaba mucho más reglamentada y la sexualidad era más restringida. También los roles sociales estaban mucho más estereotipados y las mujeres debían ser fieles y sumisas a sus maridos. En el Norte, en cambio, las mujeres totonacas y otomíes causaban temor, eran guerreras y podían escoger a sus esposos.

No sorprende, entonces, que el adulterio estuviese prohibido entre los aztecas, ni que se castigara con sanciones que iban desde la condena moral hasta la pena de muerte. Esto se debía a que se consideraba que su práctica desequilibraba las relaciones entre la comunidad y la Cosmografía, atribuyéndoseles a los adúlteros la responsabilidad por las sequías, malas cosechas o muerte de niños.

Para ellos, el placer sexual era considerado un don divino, equiparable a la alimentación, la energía vital o el reposo, por lo que tanto como éstos debía moderarse su práctica.

La asociación entre sexualidad y religión era tan directa, que la autoridad máxima de los aztecas, Moctezuma, dispuso destruir un prostíbulo al que le atribuía la responsabilidad de la conquista española, ya que consideraba que las prácticas que allí tenían lugar habían provocado la ira de los Dioses, que habrían enviado a los invasores como castigo.

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