Opinión
Puntos de vista

Testimonio de un excluido

Eduardo Sanguinetti, filósofo.

Por Eduardo Sanguinetti (*), especial para NOVA

Como protagonista excluido del acontecer cultural, político y social de la Argentina culocrática, encuentro sentido en la permanencia, persistiendo en la lucha soñada por millones de seres temerosos de liberar Latinoamérica de gobernantes cacofónicos, a través de la construcción de operaciones olímpicas desde el arte en todas sus expresiones.

El humor tiene espacio de honor en esta lid; la transformación del excluido, del archivado, del olvidado toma perfiles nuevos, se produce el encuentro del objeto en la búsqueda de un espacio donde transitar su existencia; protagonista a través del pensamiento devenido en un acto de arte heroico, se evoluciona y madura cada uno a su modo y a su propio ritmo, en re sostenido.

Y un mí que hace claudicar a los especuladores brotes de jardines del bottox radiofrecuenciado, los que manipulan a comunidades anestesiadas y torturadas por la infiltración de repertorios cocinados en "tienda de accesorios".

Con esto deseo señalar que el proyecto liberador puede comenzar en cualquier tiempo y lugar: sólo basta el deseo de llevarlo a cabo, simple, no existe razón para prolongar agonías, salvo que se sumen a las huestes de esclavos del tercer milenio, asimilados a tendencias de ser objetos, en similar categoría que un zapato.

El excluido es la gran metáfora de la liberación, no de un país o de un hombre en particular, sino de toda Latinoamérica, rendida a los pies de imperios putrefactos, que nuevamente recolonizando nos llevan a un ciclo doloroso de nuestra historia, que ya ha comenzado a desarrollarse. Y el primer paso es romper con el sin sentido de un presente inmundo, para poder construir, al fin, un futuro donde la política, sin poseer un fin determinado, sería en esta ocasión el trampolín necesario del empeño nunca acabado por parte de la gran pluralidad de seres humanos por vivir juntos, compartiendo la tierra bajo una libertad mutuamente garantizada promesa de la política en su sentido original.

La convicción de que solo puede ser libre quien esté dispuesto a arriesgar su vida, para no ser esclavo y servil a un sistema dictatorial disfrazado de democrático, tiene demasiada poca vigencia hoy, no así en el pasado, donde se anteponía dignidad y libertad a toda idea de servidumbre.

Así, considero la valentía como la primera de todas las virtudes políticas y forma parte de las pocas virtudes cardinales de la política, espacio donde se instalaban los hombres libres, hoy es sólo un relato interrumpido, de lo que pareciera nunca ha sido, todo se remite al espacio doméstico, grosero, alcahuete, de arrastrados, tras la permanencia en una existencia privada y coaccionada por tendencias prostibularias, donde cabe de todo, menos la verdad y la libertad: los poseedores de un alma esclava son quienes dictan y rigen en este mundo y sin dudas en Argentina, tierra de traiciones, estafas y fraude. La pléyade de serviles funcionales a un sistema necrótico es inmensa, se cuentan por millones.

Ese juego sádico de dominio y servidumbre, que podemos apreciarlo en el gobierno de Macri, es muy peligroso, de relaciones móviles e intercambiables, donde ese "otro" sujeto que está atado a un "collar de perro" o a los juegos perversos y pervertidos del sacrosanto "torturador", puede ocupar el lugar de dominio, subvertir la ley que rige el destino de los cuerpos, puede cambiar el porvenir y provocar el pasaje de esclavo a amo.

No olvidemos que la resistencia y la transgresión siempre proviene de aquel cuerpo que ha sido víctima de la opresión o de la sumisión, de la exclusión y de la amenaza. Desde el límite de lo real, propongo al lector la "otra historia", la de los silenciados, los sometidos, perseguidos. Como sujeto, constituido por el relato, busco lo real establecido para luego negarlo, rechazarlo, eludirlo y desde lo ilusorio, construir otra realidad que explique lo real del presente, convertirme en una fábrica de relatos de lo político, cultural y social, en la vacuidad de este presente espantoso, que los argentinos han sabido ganar, sin lugar a dudas.

Pretendo crear un espacio textual que, a partir de la lectura de textos barrocos y desalineados con el acontecer histórico de Argentina, construya desde los silencios impuestos por el poder corporativista de cortesanos, los que cocinan la fraudulenta historia oficial argentina, la "otra historia", plena de búsqueda de verdad, generando una resistencia al olvido obligatorio al que está sometida la mansa ciudadanía argentina.

Me vinculo directamente a la política, algo extremadamente atractivo y a la vez pesadillesco, una elección estética, estratégica en el momento de escribir textos que pasen la lectura del censor, que habita en cada lector, textos cifrados los denominaba en tiempos pasados. La inclusión de lo político en mi pensamiento y obra responden a una legalidad estética, es decir, para mí lo político es inevitable y la única forma de incluir esa inevitabilidad es un régimen estético que se separa de la representación tradicional: cómo se puede seguir relatando cuando no se puede seguir relatando y respondo a la manera de la modernidad perdida: es imposible esta tarea de relatar el pensamiento, pero hay que seguir relatando y por lo tanto luchemos, avancemos sobre este límite ilimitado, en intensidad creciente.

Y ahora, medito y pienso, porque en tiempos de la Grecia clásica, en el sentido de la "polis", el hombre político era en su perfil particular el ser más libre, pues tenía como virtud su discernimiento, su aptitud para considerar cualquier punto de vista, la máxima libertad de movimiento y sobre todo la valentía de lanzar la verdad, aún a riesgo de su vida.

Y me pregunto de inmediato, ¿qué ha ocurrido en este tercer milenio donde el hombre político en su sentido original ha desaparecido? mutó en un Nadie, Nada, con audiencia mediática que en intensidad formal y semántica inversa, no escucha discurso alguno: una experiencia para nada intensa, todo lo contrario... pero cuánta destrucción provoca la ausencia de lenguaje y actos de vida, rodeados de muerte, ambos presupuestos del lenguaje ausente y de la "parca" merodeadora, habitantes de la esfera pública en una democracia privada.

Nos encontramos ante individuos sin posibilidad de mostrarse libre de ataduras y de facetas condicionadas por el medio ambiente, en pleno deterioro, en lo social, cultural y lo político, resumido a instancias de suma violencia, que pierden toda validez al intentar ser puestas en acto, por ser parciales, peculiarmente invalidadas por la ausencia de libertad de instalar sentido al espacio político en lo público.

Ese territorio en que todas las cosas, en su complejidad, tienen valor, con la anuencia de la comunidad en pleno acto de "ser" sujetos políticos asimilados a la libertad de pensar, con talento para argumentar en miras a la constitución de una nación o como desee denominarse al espacio donde transiten las vidas de todos en capacidad de juicio de equilibrio.

No dudo que el espacio de la política debería ser, al contrario de lo que apreciamos hoy, el espacio de la libertad, el espacio en que la violencia y la represión de cada uno sobre el otro sería excluido de las relaciones entre los hombres y mujeres.

¿Dónde ubicar a gobernantes como Macri en el contexto de la filosofía, del conocerse a sí mismos, de dar espacio al diálogo y sobre todo recupero del sentido de la verdad como destino de nuestras existencias? El ejemplo del cacofónico Macri deviene en ser referente ineludible y emblemático de la ausencia de presupuesto humano para regir los destinos de un país, sobre todo como Argentina, donde reina un estado de crisis permanente en las relaciones entre iguales-desiguales.

Macri, Bolsonaro, Trump, Macron simulando hasta el hartazgo ser quién no es, Xi Jinping malsano heredero de Mao, Lenin Moreno "el panqueque", los candidatos de la derecha neoliberal entreguista de Uruguay, como también algunos referentes narcisistas dispersos del Frente Amplio (que tiene la obligación histórica de ganar en las elecciones de 2019 en amplio margen, por y para el pueblo), y sumo a todos/as los demás gobernantes de las más variadas regiones, que siguen sometidos a los principios de la coacción y al derecho del más fuerte, metaforizando al que cuenta con mayor cantidad de corporaciones apuntalando los desastres cotidianos que soportan estoicamente los pueblos, tan poco atentos a su libertad, que tiene el mismo rango que la salud y el hábitat.

Los prejuicios se anticipan al porvenir que no es demasiado alentador, pues se corre el riesgo de que la política desaparezca totalmente. Confunden con política, los mercenarios de medios, fabuladores, pseudointelectuales de fogón, funcionarios empresarios blindados y analfabetos del "buen vivir", aquello que va a acabar con la política, es inevitable, pareciera el final se acerca.

Comenzar un nuevo ciclo de vida política, por y para todos/as los que habitamos este mundo, puede parecer una utopía, y ciertamente lo es hoy. Los medios de violencia que comunican todo, menos lo que deben hacer, cuando todo se resume a pocos vocablos para equilibrar el sentido, que aún sin tener espacio hoy sabemos que es y está subyacente en los pocos actos de contados seres heroicos, para nada promocionados, de hombres y mujeres que se elevan sobre los estadios de la domesticidad, pero cae sobre ellos el silencio, la censura y la persecución sistemática que los lleva a ser mártires desaparecidos del tercer milenio.

Bajo este punto de vista, se logrará un estado despótico de dominio, de los que ya están instalados en sus sitiales desde donde reprimen, sojuzgan, los poderosos que con sus máquinas de dominación burocrática eliminan la posibilidad de dar sentido a las vidas de miles de millones de seres humanos.

Lo estamos apreciando en migrantes que no tienen sitio en ningún lugar, las fronteras que se construyen día a día cuando se glorifica a la web como el imperio del estado virtual sin fronteras, nunca tan fronterizo. El poder de la policía en todas las naciones prestas a reprimir todo descontento por demás legítimo de los pueblos... ¿algo qué agregar?, claro, como no, sumo a los escribas, los mandarines y mandaderos de la cultura degradante de este milenio de las grandes muertes, que tienden a aniquilar y modificar la historia y su relato olímpico, interpretar a "piaccere" lo que jamás tuvo sitio, ni lugar.

Los prejuicios tienen un rol fundamental en la vida de la gente, incluida por supuesto la política y los que dicen representarla, son perniciosos, peligrosos y como vemos muy eficaces a la hora de ponerlos en práctica, pues están anclados en el pasado, no confundamos con chusmeríos que tiene hora de vencimiento, con su misión de contagiar abstracción del deber ser, instalando certezas de segundos, pero a fuerza de ser replicadas toman carácter de evidencias.

La política debería ser un panóptico gigante de apertura del planeta a la unidad y no un devenir de actos de violencia. Aclarar, disipar, abriendo el gran angular que proyecte el mundo a vivir, del cual hoy estamos muy distantes y sin embargo tan cercanos, ironía de nuestro ignoto destino de "ser simplemente ser frágiles criaturas, sometidos a nosotros mismos frágiles criaturas".

(*) Filósofo

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