La historia viviente
El General en su laberinto

El retorno de Perón, Capítulo XII: Ezeiza, ¿Masacre o episodios aislados?

Los incidentes se habrían originado por una columna que intentó acercarse al palco por un lugar que estaba prohibido hacerlo.

Por Julián De Martino, de la redacción de NOVA

Como en cada uno de los episodios que marcaron un antes y un después, la historia difiere según quién la cuente y cómo la cuente. En el caso del 20 de junio de 1973, cuando se perpetró el regreso definitivo de Juan Domingo Perón a la Argentina no es la excepción y, según el bando que brinde detalles de la jornada, se traduce en una masacre o en algunos hechos aislados.

Se sabe que esa fecha hubo un cruce entre los dos sectores que aclamaban a su conductor y celebraran su vuelta al país. Por un lado, la versión de los Montoneros aduce que la balacera la iniciaron desde la derecha peronista con el objetivo de eliminar a las agrupaciones juveniles de izquierda que estaban armadas. Mientras tanto, del otro lado del mostrador, las interpretaciones son disímiles.

El historiador Samuel Amaral, que además fue testigo de los hechos, hace un racconto pormenorizado sobre el día en que se estimaba que una cifra cercana a los dos millones de personas iba a recibir al General en Ezeiza, donde se había montado un escenario para que Perón se diera un mensaje a las masas, acompañado del presidente Héctor Cámpora.

Quizás contraponiendo la versión impulsada por el periodista Horacio Verbitsky, quien sostiene en un libro redacto por él mismo que “la masacre fue premeditada para desplazar a Cámpora y copar el poder, que mientras unos montaron un operativo de guerra con miles de armas largas y automáticas, los otros marcharon con los palos de sus carteles, algunas cadenas, unos pocos revólveres y una sola ametralladora”.

Amaral sostiene que hubo un fin político en esos incidentes, aunque difiere en que el objetivo haya sido desplazar al por entonces presidente, que no renunció ese día, sino que lo hizo efectivo 23 día después. Con una crítica fundada, el autor sostiene que catalogar el episodio como una masacre fue el “paradigma creado por el aparato propagandístico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias”.

En este sentido, el historiador sostiene que no hubo una masacre y que, además, lo que sucedió no fue premeditado, al menos de parte de aquellos que custodiaban el palco al cual debía llegar el General y, una de las posibles causas por las cuales se originó es “la contraposición de concepciones políticas, la de Perón y la de Montoneros”.

Los diarios de aquella época se hicieron eco de los incidentes y prácticamente ocuparon más páginas en intentar comprender los disturbios que en el regreso definitivo de Perón. Sin embargo, la gran mayoría coincidía en que ese cruce se debió a la diferencia ideológica que existían entre dos bandos que se catalogaban como “Patria Socialista” por un lado, y “Patria Peronista”, por el otro.

Basándose en una crónica de Clarín sostiene que “la versiones sobre desde qué bando se abrió el fuego, son contradictorias e imposibles de verificar”, y en sus propias palabras sobre el episodio sostiene que “yo no me moví de mi sitio ni tuve pánico, como no lo hizo nadie a mi alrededor ni, desde mi posición pude observarlo, tampoco las millones de personas que se encontraban desde el puente hacia el norte”.

Al parecer, y más allá de que incluso se habla de hasta seis versiones distintas de cómo se originar los incidentes, todo se habría producido por el intento de una columna de militantes que pretendía ingresar por la ruta 205, cuando los alrededores del palco estaban ocupados “por una nutrida multitud integrada por manifestantes de su mismo sector y sectores adversos, y lo había hecho por un lugar por el que no estaba permitido”.

Amaral sostiene que “no vi ninguna estampida, ni confusión total, ni ataques desde el palco hacia los manifestantes que estaban ubicados en la autopista” y agrega que “cuando comenzaron los incidentes pude ver frente a mí, en el otro extremo del puente, gente que corría por un claro que se había hecho entre la multitud, buscando refugios tras los árboles, mientras se escuchaban los tiros”.

La interpretación del historiador, similar a la que publicó al día siguiente del frustrado evento el diario La Opinión, es que fue “un incidente aislado”. Se basa en que hubo 1.700.000 personas, los disturbios “involucraron al 3,5 por ciento del total de los concurrentes”, siempre y cuando la columna que ingresó por la ruta 205 hayan sido cerca de 60 mil.

“En consecuencia, los incidentes afectaron a una porción ínfima de la concurrencia y, desde una perspectiva espacial, ocurrieron al margen de la gran concentración”, sostiene Amaral y se preguntaba cuál era el papel que cumplía esa columna en la estrategia de las organizaciones armadas y afirma que “el solo hecho de entrar por un lugar no autorizado hacía sospechosas las intenciones de sus integrantes”.

Para finalizar, concluye en que la estrategia de Montoneros era posicionarse como el pueblo y dejar de ser la vanguardia, por lo que Amaral sentencia: “La columna que ingresó por el camino de acceso a la ruta 205 era, en su imaginación, no un conglomerado que ellos habían formado y encaminado por donde estaba prohibido hacerlo, sino el pueblo que espontáneamente se acercaba a Perón”.

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