Provincia de Buenos Aires
De todos modos, el alcalde buscará la reelección

La gestión de Galli en Olavarría marcada por muertes, nepotismo y despilfarro

Ezequiel Galli, intendente de Olavarría. (Dibujo: NOVA)

Ezequiel Galli asumió la Intendencia de Olavarría en diciembre de 2015, luego de obtener el 45,48 por ciento de los votos en los comicios, culminando con un largo período de dominio del apellido Eseverri.

Para sorpresa de muchos, el hombre macrista agarró el mando de la ciudad de la Séptima Sección pero su gestión se caracterizó por tener altibajos producto de las decisiones tomadas por el oficialismo.

Un trágico desenlace en un recital, la desobediencia a los decretos del presidente Mauricio Macri y la gobernadora María Eugenia Vidal para no designar familiares en el Estado, el despilfarro en compras innecesarias con dinero municipal y salarios a la baja para los trabajadores del municipio sintetizan sus tres años de mandato al frente de Olavarría.

Sin embargo, el aferro por el sillón municipal se ha convertido en una obsesión para el propio Galli, por lo que ya manifestó públicamente sus intenciones de ser reelecto. "quiero ser intendente desde el año 2019 al 2023 eso lo tengo clarísimo”, declaró el alcalde.

"Han sido tres años muy intensos, muy interesantes en mi vida y de mucho aprendizaje, de mucho trabajo. Realmente me encuentro haciendo algo que disfruto mucho. Me encanta lo que hago. Estoy en el lugar que quiero estar. Amo mi ciudad. Me crié en la ciudad y puedo devolver todo lo que la ciudad me dio”, aseguró en tono electoral.

Sin embargo, para tener más chances de quedarse al mando de la Comuna no quiere someterse a una interna con el exponente del radicalismo local radicalismo local, Franco Cominotto. Inmediatamente el dirigente de la UCR reprochó que "no es sano elegir los candidatos en una habitación cerrada". Pero de todos modos, la última palabra la tiene el titular del Ejecutivo.

Un recital que se fue de las manos

Ante más de un año sin presencia de los escenarios, Carlos “El Indio” Solari regresó con su misa ricotera el 11 de marzo de 2017 en el predio La Colmena de Olavarría. Allí se congregaron más de 300 mil almas en una noche que tenía que ser única, pero los empujones y los violentos de siempre opacaron el espectáculo.

A pesar de las advertencias del músico, las avalanchas prosiguieron y los incidentes se incrementaron por lo que el show se vio desbordado: dos personas murieron y decenas resultaron heridas, hecho que fue confirmado por el secretario de salud olavarriense, Germán Maroni.

Tras lo sucedido, las críticas recayeron sobre la Municipalidad de Olavarría, pero el mandamás se llamó a silencio por unos días. El presidente del bloque FPV en el Concejo Deliberante, Federico Aguilera, había asegurado en su momento a NOVA que “hubo grandes errores de la productora y del intendente Galli”.

El edil kirchnerista explicó que la elección del predio para el recital y la organización del evento nunca fue sometida a criterio del Concejo Deliberante al lanzar munición gruesa contra la productora y el alcalde de Cambiemos. “Fue decisión de la productora y el Municipio de la Olavarría bajo la figura del intendente y sus funcionarios”, disparó.

“Lo que ha sucedido en Olavarría fue producto de la falta de planificación y de los grandes errores que cometieron la productora y el Estado que no tuvieron un plan B, la situación se les fue de la mano”, dijo el concejal en ese entonces y recalcó que “no estuvo acorde la organización para recibir a tanta aglomeración de personas”.

Luego llegó el turno de la interpelación al intendente, pero que dejó un sabor amargo en la sociedad. El cuestionario –conformado por 324 preguntas- se realizó en el Salón Rivadavia del Palacio Municipal y contó con la presencia de los concejales y algunos vecinos. De todos modos no alcanzó a disipar –según los ediles- las responsabilidades del Ejecutivo local en el espectáculo del Indio Solari.

En diálogo exclusivo con NOVA, Fernanda Araneo – representante de la UCR- había criticado la ausencia de “documentación respaldotaria en las afirmaciones que dio el intendente, 18 de 20 repreguntas no fueron contestadas y muchas respuestas eran totalmente armadas o evasivas”. “A Galli lo noté incómodo e inseguro con las repreguntas”, resumió.

Dos años después, el expediente fue elevado a juicio oral y ahora debe decidir la Cámara de Apelaciones de Azul. El mismo no tiene como imputados a funcionarios municipales ni al cantante, pero sí a dos productores y un socio de ellos. Se trata de los hermanos Marcos y Matías Peuscovich, y Gustavo Zurita, quienes están acusados por los homicidios culposos de Juan Bulacio y Javier León, y por las lesiones culposas de seis hombres y dos mujeres.

El acomodo familiar

A pesar de salir bien parado del escándalo de corrupción y negligencia que quedó al descubierto luego del recital del Indio Solari en sus pagos y en el que resultaran muertas dos personas, Galli tuvo otro hecho de suma polémica.

Apenas dos días después de que Macri decretara la prohibición de designar familiares de funcionarios y ministros dentro de la estructura estatal, el intendente de Olavarría decidió apoyar la medida y hacerla cumplir en su distrito. No obstante, decidió que ninguno de sus primos, que suman más de una docena, será alcanzado por la medida. De este modo, no tuvo que despedir prácticamente a nadie.

Cabe recordar que en enero de 2016, el mandamás fue noticia por haber designado a seis familiares, directos e indirectos. Entre ellos Eduardo Galli, Juan Agustín Galli, Hilario Galli y Mariana Galli. Pero además de sus propios parientes, están los parientes del resto de sus funcionarios. Por ejemplo la secretaria de Salud, Mariana Diamanti, que está casada con el Subsecretario de Legal y Técnica, Luciano Blanco.

Todos ellos deberían haber dejado el Gobierno si la voluntad era terminar con el nepotismo. Pero desde el principio quedó claro que no era así: la norma que dictó Galli estableció que las relaciones prohibidas eran de parentesco “hasta segundo grado” y que el escalafón alcanzaba al intendente y secretarios. Así dejó a salvo a Hilario, a Juan Agustín y a Mariana, los Galli que permanecían en la gestión.

Quedaba pendiente el caso del matrimonio Diamanti-Blanco, pero también ahí le encontró la vuelta. ¿Cómo? En lugar de enviar a Blanco al Concejo Deliberante -como había prometido hacer en febrero- para que honrara el mandato que el pueblo de Olavarría le concedió mediante el voto, optó por degradar a su esposa, mediante un enroque con quien fuera su segundo, Christian Wainmann. Ahora Diamanti es subsecretaria y ya no es un obstáculo para que su esposo siga estando a cargo del área de Legal y Técnica

¿Vicios de borracho?

La viveza criolla de Galli no tiene límites. Utilizó parte del dinero municipal para comprar whisky importado y alimento para perros. Esa irregularidad fue observada por el Honorable Tribunal de Cuentas (HTC) de la provincia de Buenos Aires, órgano independiente de revisión de las cuentas municipales, quien dio a conocer diversas anomalidades a la Rendición de Cuentas del Municipio de Olavarría durante el año 2016.

Por tal motivo, el HTC le solicitó explicaciones al intendente oficialista Galli y su Gabinete sobre el uso de recursos municipales para la compra de bebidas alcohólicas y alimento para mascotas, entre otras adquisiciones con dinero de la caja chica.

Asimismo, el órgano revisor exigió al Municipio, que funde “el interés público” de gastos concretados por la Secretaría General que por ese entonces estaba liderada Jorge Larreche, por la compra con dinero público de alimento para perros y whisky.

En sí, esta nueva aberración hacia el oficialismo olavarriense constituye una mancha más que pareciera que nada le hace al “tigre” Galli.

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