Por Jocelyn Domínguez (*), especial para Agencia NOVA.
Si bien el cine argentino muchas veces es prejuzgado, desprestigiado y no tenido muy en cuenta, más de una vez nuestro arte ha sabido cautivarnos, deslumbrarnos y maravillarnos con una genialidad absoluta.
Justamente, el film de Juan José Campanella es uno de esos casos en los cuales nuestra mente se obnubila con la luz que destila una obra de magnificas características.
Benjamín Espósito acaba de jubilarse después de trabajar toda una vida como empleado en un Juzgado Penal. Para ocupar su tiempo libre, decide escribir una novela basada en una historia real de la que ha sido testigo y protagonista.
La novela que escribe es, en apariencia, la historia de un asesinato ocurrido en Buenos Aires en 1974, y de la investigación para hallar al culpable. Pero una vez abierta la puerta de ese pasado, al propio Espósito se le volverá imposible cerrarla. Primero, porque la turbulenta Argentina de entonces se cuela en la vida de los personajes, con su carga de violencia y de muerte. Y, sobre todo, porque aunque Espósito suponga que la historia que teje habla únicamente del pasado, su búsqueda ilumina de un modo descarnado su propia vida y su presente. Al evocar aquel pasado, se enfrentará a un viejo amor que lo obsesiona desde entonces.
El marco en el cual se desarrolla la historia es muy complicado, dado que la violencia era protagonista de esos tiempos en los cuales la impunidad y burocracia estatal eran dueñas del país en los años ‘70.
Claramente, parte del éxito de esta obra maestra se lo debemos a Ricardo Darín, quien, como siempre, sabe aportar su estilo y personalidad, que le dan un plus importante a sus personajes y a los roles secundarios también.
La bellísima Soledad Villamil, con su delicadeza, nos transmitió todo el tiempo una sensación de nostalgia y amor postergado.
Pablo Rago, sin duda, se ha destacado con un papel entre misterioso y compungido. Es finalmente quien nos da la gran sorpresa sin darnos ni un solo indicio de ella.
Y la revelación del film fue Guillermo Francella, quien nos conmovió con su jugado papel dramático, como nunca lo vimos.
Es una película que sorprende continuamente, con un ritmo ágil y una trama para nada predecible.
Vale la pena verla y estremecerse con una historia de amor, y disfrutar de la adrenalina de un thriller muy bien logrado.
(*) jocelyndominguez@hotmail.com |